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El software que optimiza el uso del agua rural

Las Asociaciones de Agua Potable Rural (APR) nacen en Chile en 1964, con el fin de abastecer de agua potable a la población rural, gracias a comités y cooperativas que ya suman más de 3 mil en todo el país. Un trabajo ad honorem que ha permitido un modelo exitoso, no exento de problemas. Para intentar resolverlo, dos ex alumnos de la facultad de Ingeniería de la UACh diseñaron un programa que agiliza la gestión de asociaciones desde Arica hasta Chiloé: APR Software.

Por Claudia Rojas

Otoño de 2019. Edgardo Fuentes recibió la llamada de Víctor Reyes desde Puerto Montt. Su ex compañero lo invitaba a cumplir un sueño que imaginaron años atrás, cuando ambos cursaban la carrera de Ingeniería Naval en la Universidad Austral de Chile: desarrollar un software que hiciera más fácil la administración de los comités y cooperativas a cargo de las Asociaciones de Agua Potable Rural (APR).

Si bien ambos ya eran profesionales contratados y se desempeñaban con éxito en sus respectivas áreas, Víctor llevaba meses trabajando en paralelo en el proyecto. El tema lo tocaba de cerca: él mismo era miembro de un comité a cargo de una APR, un sistema que permite de abastecer de agua potable a comunidades rurales y que, hasta entonces, funcionaba a pulso de sus operadores. De cerca, Víctor también conocía las dificultades del proceso: si bien las APR cuentan con financiamiento y asesoría del Estado, son administradas ad honorem por las propias comunidades, muchas veces sin las herramientas necesarias para llevar a cabo la gestión técnica del proceso.

La idea de Víctor y Edgardo focalizó aquella problemática y también la solución. Para eso diseñaron un programa capaz de llevar registro de la distribución ininterrumpida del agua, controlar el consumo de los clientes a través de sus estados de cuentas y la posibilidad de realizar los pagos en la misma plataforma. Solo les faltaba aterrizar la idea, darle forma al proyecto y definir el modelo de negocios. Además de conseguir los fondos y hacerse de una cartera de clientes.

Sin ahorros, sin colchón económico, ambos renunciaron a sus trabajos para dedicarse de lleno al proyecto.

—¿Además son ingenieros navales, no les dio temor abrirse paso en un mundo alejado al de su profesión?

—No —dice Víctor Reyes—. En la actualidad, tener internet te permite aprender de forma autodidacta, sin siquiera haber conocido algo de programación o informática. Uno debe tener las ganas no más.

—Lo que es vital, es conocer el área y a los clientes —agrega Edgardo Fuentes—. Víctor tenía además familiares muy cercanos al área APR, por lo que conocemos muy bien ese nicho. Eso nos ayudó a poder ingresar rápido al rubro y captar bien las necesidades de los beneficiarios. Además, teníamos la confianza de que trabajando íbamos a lograrlo. Teníamos convicción sobre el producto que estábamos desarrollando. Sabíamos que íbamos a poder llegar lejos con eso.

—Nunca hubo un plan de negocios como tal, hasta ahora —sostiene Víctor Reyes—. Hemos ido, básicamente, en torno a la acción y reacción.

—¿Cuál fue la primera acción que les permitió poner en marcha el proyecto?

—Ir a ferias de emprendimiento —relata Víctor Reyes—. Teníamos un mapa que nos ilusionaba respecto a todos los APR que podríamos alcanzar en el país, y luego de ver ese mapa, íbamos a ferias donde se vislumbraba un poco lo que podía llegar a ser. Ahí captamos clientes y nos pusimos a vender. Fue clave definir roles para ir avanzando. Edgardo vendía y yo desarrollaba.

—Lo primero que hicimos también fue cambiar el modelo de negocio, porque tu vendías el APR Software y el comité quedaba ahí con un problema —dice Edgardo Fuentes—. Había que darle soporte y cada vez, el comité tenía más y nuevas necesidades, entonces vimos que no era adecuado venderlo, sino que arrendarlo y abarcar la mayor masividad posible. Vimos el valor social, más allá de lo administrativo ahí.

Uno de los puntos que preocupó a ambos, fue la queja de comunidades que reclamaban la mala administración de las APR.

—Buscamos transparentar los procesos de la APR en la comunidad —dice Víctor
Reyes—. Hay muchos casos en los que ha habido mano negra y quien sale
perjudicado es la comunidad, va en desmedro de ellos. Lo importante es tener agua de calidad, tener agua en las instancias que correspondan. Entonces, al final, la APR Software tiene otro trasfondo: un rol social.

—Además, en Chile no había nada que estuviera a la altura de APR Software
—agrega Edgardo Fuentes—. Hay algunas empresas que hacen algo similar, pero
no brindan servicios de calidad y a costos accesibles para el tipo de clientes.

La confianza de los clientes les ha permitido extender desde Arica a Quellón la presencia de APR Software. Además, ya cuentan con un equipo de nueve personas. Una historia de éxito que tuvo un punto de inflexión: cuando consiguieron el financiamiento de CORFO, el mismo que hasta el día de hoy les permite continuar en marcha.

—Hubo un momento en que estuvimos flaqueando, al principio —reconoce Edgardo—, pero nos adjudicamos un CORFO (Semilla Inicia, 15 millones) seis meses después de emprendido el proyecto, que fue un pequeño respiro. Ahora estamos con el segundo CORFO (Semilla Expande, 25 millones) y para ambos nos asesoramos. Eso es fundamental para formular el proyecto, porque de estructura no teníamos idea y así logramos adjudicárnoslo. Es bueno ir aprendiendo de mentores.

Para conseguir ese segundo fondo, que les ha permitido fortalecer su área comercial y seguir expandiéndose a lo largo del país, Edgardo y Víctor cuentan que buscaron asesoría en el Centro 14K, de la Facultad de Ingeniería de la UACh. Edgardo explica las razones de ese acercamiento y destaca el apoyo durante todo el proceso:

—CORFO tiene un lenguaje que nosotros llamamos “el corfismo”, que es el lenguaje que se utiliza en las postulaciones que permiten acceder a estos fondos. Nosotros postulamos al Semilla Inicia del 2019 y Semilla Expande del 2020. Para este último requerimos el acompañamiento del Centro 14K, donde nos ayudaron a hablar en ese mismo lenguaje necesario para las postulaciones y nos guiaron en las instancias que considera el programa”.

—Además de ese punto, que sin duda permite allanar el camino de la postulación, ¿por qué crees que fue necesario contar con la asesoría del Centro 14K?

—Porque tener un asesor siempre te va a dar el conocimiento que necesitas para identificar tu segmento de negocios y de clientes —dice Edgardo—. O la porción de mercado a la que vas a acceder tanto a nivel micro como el universo total disponible. Muchas veces uno como emprendedor desconoce esos aspectos y ahí se hace fundamental contar con una visión que sí sepa reconocerlos.

—¿Cuál es la clave para que el negocio funcione, más allá de contar con financiamiento?

—El equipo —asegura Edgardo—. Con Víctor somos como de la misma línea de trabajo, somos convencidos de que hay que trabajar y hay que mantener esas ganas de trabajar. Tuvimos algunas contrataciones que no cumplieron las expectativas que teníamos. Pero reaccionamos rápido. Hay que controlar la calidad del producto, que se cumpla lo que se está solicitando, en los plazos establecidos y no actuar de buena fe.

Sin embargo, dice Edgardo, hay otro aspecto, más personal, que es importante mantener en alto cuando eres un emprendedor:

–Tener mucha capacidad de reponerse ante la frustración. Porque muchas veces las cosas no van a salir como uno espera. Ahí es cuando tienes que pensar que cada día es una nueva oportunidad de reponerse y ver una nueva alternativa.

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